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Los artesanos de la cerámica crean piezas únicas. Decorar es solo una excusa.  

El ceramista Jacinto Alcántara documentó el inicio de la industria de la cerámica española allá por el Neolítico Hispano, cuando aún vivíamos en cuevas y chozas. Talavera de la Reina, Granada, Teruel, Paterna, Manises, Sevilla, Cartagena, Málaga, Castellón… son algunos de los lugares en los que la cerámica fue modo de vida y de arte. 

Los nuevos tiempos han traído un boom cerámico a España. Las marcas tradicionales apuestan por nuevas tendencias, formas y diseños para adaptarse a las necesidades de una vida contemporánea. Siempre manteniendo la esencia de lo artesanal. 

Estas son tres de nuestras favoritas:

Cerámica de Manises. Técnica mudéjar en el siglo XXI.

Desde el Irak del siglo IX hasta la España de hoy. Las piezas de loza dorada son obras maestras de la cerámica española. En el siglo XIV, bajo la influencia musulmana, los alfareros del señorío de Manises comenzaron a utilizar esta técnica.

La originalidad de su reflejo metálico las hizo famosas en las clases altas de las cortes europeas y Manises se convirtió en el centro productor de cerámica más potente de la Edad Media. Hoy, se sigue fabricando como lo hacían nuestros antepasados árabe-moriscos, mediante tres cocciones. 

El taller de Arturo Mora Benavent es uno de los que conservan esta producción tradicional.

Plato del taller de Arturo Mora Benavent.

La Cartuja de Sevilla. La que todo el mundo quiere.

Fue una familia inglesa la que fundó esta casa de cerámica en 1841. Hoy, es un símbolo de la cultura española. Y un objeto de deseo. Diseños pintados a mano, colaboraciones con artistas, modelos icónicos como los de Charles Pickman… 

Sus innovaciones y la calidad de sus lozas le ganaron la fama internacional, que aún conserva. En 1862 recibió la medalla de oro en la Exposición Universal de Londres y en 1878 la de París. 

La Cartuja de Sevilla mantiene casi intactos tanto la fórmula original de la loza como el proceso de fabricación, y algunos diseños tienen 175 años. Pero también apuestan por la modernidad, como en esta colaboración con el diseñador Isaac Piñeiro:

Vega 175. Iván Piñeiro para La Cartuja de Sevilla.

Sargadelos. Abstracción románica y barroca. 

La cerámica de Sargadelos ha conseguido algo muy difícil: ser totalmente identificable. Su geometría es su seña de identidad, y también su azul intenso sobre fondo blanco. La abstracción de sus diseños bebe del Románico y el Barroco gallegos. 

La fábrica de loza se inauguró en 1806 en Lugo, contando con la protección de Carlos IV. Incluso dejaron de importarse las famosas lozas de Bristol, en Reino Unido, por la fama que alcanzó el producto español. 

Todas sus vajillas, figuras y joyas de porcelana están decoradas y rematadas a mano. Tras algunos altibajos a lo largo de su historia, Sargadelos es hoy una garantía de buen gusto y calidad.

Menina, de Sargadelos.